15.05.2014

Barómetro de tendencias: ¿piezas de repuesto fabricadas en una impresora 3D?

El concepto de impresión 3D hace referencia a la fabricación controlada por ordenador de piezas tridimensionales mediante datos 3D. Esta tecnología ya se utiliza en un gran número de industrias, por ejemplo en la construcción de máquinas y en la industria del automóvil (piezas especiales, recambios), en medicina (prótesis dentales, dentaduras, articulaciones de la cadera, audífonos), y en la fabricación de joyas o juguetes. Existen más de 70 fabricantes de impresoras 3D en todo el mundo, con una facturación anual de casi dos mil millones de euros, contando solo la venta de equipos.


La tecnología en sí no es nueva. El proceso se desarrolló a mediados de los años ochenta en los EE. UU., bajo el nombre de «Rapid Prototyping». Consiste en un proceso productivo mediante el cual se controla por ordenador la fabricación por capas de piezas tridimensionales con la ayuda de datos 3D. De forma similar a una impresora de chorro de tinta, la impresora recorre el contorno programado, creando la primera capa, vuelve a recorrerlo para crear la capa siguiente, y así hasta que forma la pieza completa.

 

Para ello, se pueden utilizar materiales sólidos o líquidos; principalmente plásticos, pero también resinas sintéticas, cerámica y también diversos metales, incluido el titanio.

 

Fabricación por adición.

Con el paso del tiempo, se han desarrollado diferentes procesos especializados de impresión 3D, como son la sinterización por láser, la deposición de metal por láser, la estereolitografía y la fabricación de objetos laminados (LOM). En general, a estos procesos se los denomina «Fabricación por adición». Algunos procesos concretos son capaces de alcanzar una precisión en el orden de los micrómetros, o incluso de los nanómetros.

 

La cada vez mayor variedad de procedimientos y materiales, así como la reducción del precio de la tecnología, abre un amplio campo de posibles aplicaciones. Una cosa está clara: cuantas más funciones deba tener un componente o un grupo de componentes, y cuanto más compleja sea su geometría, más rentable puede ser su fabricación mediante un proceso 3D. En este caso, no se cumple el principio tradicional según el cual se abarata la producción mediante grandes cantidades, sino que cuanto menor es el número de piezas, más rentable es fabricarlas mediante fabricación por adición. Además, la impresión 3D ofrece la ventaja de que permite cambiar fácilmente las formas o los detalles de fabricación, con lo que es posible personalizar las piezas.

 



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